Desde hace algún tiempo ha nacido en mi corazón el deseo de conocer más profundamente la vida de los santos y, al mismo tiempo, ayudar a que otras personas también puedan descubrirlos.
Como católica, creo que los santos constituyen uno de los grandes tesoros de nuestra Iglesia. No fueron personas perfectas desde el comienzo, ni estuvieron libres de dificultades, dudas, sufrimientos o luchas. Fueron hombres y mujeres de diferentes épocas, edades y condiciones que, en medio de su propia realidad, decidieron abrir su corazón a Dios y permitir que Él transformara sus vidas.
Al acercarnos a sus historias descubrimos jóvenes que buscaron a Cristo, madres y padres que hicieron de su familia un camino hacia Dios, sacerdotes y religiosos que entregaron su existencia al servicio de los demás, misioneros que dejaron su tierra para anunciar el Evangelio, personas que encontraron a Dios después de una profunda conversión y mártires que permanecieron fieles incluso ante la muerte.
Sus caminos fueron distintos, pero todos tuvieron un mismo destino: Cristo.
De allí nace Caminos de Santidad.
Este pequeño libro no pretende realizar un estudio exhaustivo de la vida de cada santo. Su propósito es mucho más sencillo: acercarnos a ellos, descubrir quiénes fueron, cómo encontraron a Dios y comprender qué puede enseñarnos hoy su camino de santidad.
Muchas veces contemplamos las imágenes de los santos en nuestras parroquias, conocemos sus nombres o acudimos a su intercesión, pero desconocemos las extraordinarias historias que existen detrás de esos rostros. Conocer sus vidas nos permite descubrir que la santidad no pertenece únicamente al pasado ni está reservada para unas pocas personas excepcionales.
La santidad es una invitación que Dios continúa haciendo a cada uno de nosotros.
Por eso, en estas páginas quiero presentar a los santos no como figuras lejanas, sino como hermanos nuestros en la fe que ya recorrieron el camino antes que nosotros. Sus decisiones, sus caídas, sus conversiones, sus sacrificios y, sobre todo, su amor a Dios pueden ayudarnos a reconocer también la presencia del Señor en nuestra propia historia.
Espero que cada relato despierte el deseo de conocerlos más, de acudir a su intercesión y, especialmente, de preguntarnos:
¿Qué puedo aprender de este santo para mi propio camino hacia Dios?
Que al recorrer estas historias comprendamos que existen muchos caminos de santidad: algunos extraordinarios y otros construidos silenciosamente en las pequeñas acciones de cada día. Pero todos comienzan cuando una persona decide responder al llamado de Dios.
Que María Santísima, Reina de Todos los Santos, nos acompañe en este recorrido y nos enseñe, como lo hizo con tantos hombres y mujeres a lo largo de la historia, a dirigir siempre nuestra mirada hacia su Hijo.
Porque cada santo tuvo su historia, cada santo recorrió su camino y cada uno de nosotros está llamado a comenzar el suyo.
Victoria Alejandra Patiño